Tras el duro y traumático proceso que supone el diagnóstico y tratamiento quirúrgico-oncológico del cáncer de mama las pacientes cada vez más desean recuperar su vida lo más rápida y eficazmente posible.

Tras una etapa difícil y de mucha exigencia mental en la que la mujer ve como su pecho sufre una mutilación importante (mastectomía) y su cuerpo sufre las consecuencias de tratamientos tan necesarios como desagradables (radio y sobre todo quimioterapia), llega el momento de la recontrucción mamaria.  Asumiendo que un pecho reconstruido nunca será tan perfecto como un pecho natural y que las limitaciones de la cirugía todavía son evidentes, la reconstrucción supone un halo de esperanza y un punto de inflexión que nos transmite que la paciente está curada y que llega el momento de mejorar y reconstruir.

Dentro del proceso de reconstrucción mamaria que iremos tratando progresivamente tanto en el blog como en la web, la reconstrucción del complejo areola-pezón es la última etapa. Casi todas las mujeres, una vez han recuperado su pecho, extrañan no tener un pezón y una areola cuya ausencia provoca una asimetría y un efecto mutilante que casi nunca es bien aceptado.

La reconstrucción es un procedimiento sencillo que se realiza con anestesia local y en régimen ambulatorio, sin ingreso hospitalario.

En primer lugar se reconstruye el pezón. Aunque hay diferentes técnicas, básica-mente se trata de diseñar donde queremos ubicarlo, para después utilizar dos o tres colgajos de la piel de esa zona para recrear un montículo o promontorio de piel que hará las veces de pezón.

Tras unas semanas de necesaria cicatrización estaremos en disposición de realizar la reconstrucción de la areola. Para ello la paciente deberá acudir a un micropigmentador especializado que se encargará de tatuar el pezón y la piel de alrededor para conseguir el color parecido al de la areola sana.

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